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September 29, 2026
Diamantes de laboratorio: qué son, historia, calidad y cómo se identifican¿Qué son los diamantes de laboratorio? ¿Son diamantes de verdad? ¿Cómo se crean? ¿Tienen la misma calidad que un diamante natural? Son preguntas cada vez más habituales entre quienes buscan una joya con diamante creado.
Aunque pueda parecer una tecnología reciente, la historia de los diamantes de laboratorio comenzó hace más de un siglo. Desde aquellos primeros experimentos hasta los sofisticados procesos actuales, la tecnología ha evolucionado enormemente, permitiendo crear diamantes que comparten las mismas propiedades químicas, físicas y ópticas que los diamantes naturales.
Los diamantes de laboratorio, también llamados diamantes creados o sintéticos, son diamantes que se producen mediante procesos tecnológicos en instalaciones especializadas, en lugar de formarse de manera natural en el interior de la Tierra.
Y aquí está la diferencia fundamental: un diamante de laboratorio no es una imitación del diamante.
Una imitación o simulación, como puede ser la circonita cúbica, busca parecerse al diamante, pero tiene una composición y unas propiedades diferentes. En cambio, un diamante creado en laboratorio es diamante: está compuesto de carbono cristalizado y presenta las mismas propiedades esenciales que un diamante natural.
De hecho, tanto los diamantes naturales como los diamantes de laboratorio alcanzan una dureza de 10 en la escala de Mohs, la máxima puntuación de esta escala.
La diferencia entre ambos está principalmente en su origen: uno se forma mediante procesos geológicos naturales durante larguísimos periodos de tiempo y el otro se desarrolla mediante tecnología en un entorno controlado.

Cuando hablamos de diamantes de laboratorio, es fácil pensar en una tecnología completamente nueva. Sin embargo, la búsqueda de una forma de crear diamantes artificialmente comenzó hace más de 200 años.
En 1797, el químico inglés Smithson Tennant descubrió que el diamante estaba compuesto principalmente por carbono. Este descubrimiento despertó el interés científico por intentar reproducir el proceso de formación del diamante.
Durante el siglo XIX se realizaron diferentes experimentos, aunque sin conseguir producir diamantes de un tamaño relevante.
El gran avance llegó ya en 1952, William Eversole consiguió crear pequeños diamantes mediante el método conocido como CVD (Chemical Vapor Deposition). Sin embargo, la velocidad de crecimiento era demasiado lenta para que el proceso tuviera una aplicación práctica inmediata.
Un año después, en 1953, un equipo sueco consiguió producir diamantes mediante el método HPHT (High Pressure High Temperature), utilizando condiciones de presión y temperatura muy elevadas.
En diciembre de 1954, General Electric logró producir diamantes mediante HPHT y anunció públicamente el avance en febrero de 1955. Estos diamantes tuvieron principalmente aplicaciones industriales. Se utilizaban, por ejemplo, para perforar, cortar, lijar o pulir materiales gracias a su extraordinaria dureza.
La evolución tecnológica permitió posteriormente conseguir diamantes de calidad gema. En 1970, General Electric anunció una producción limitada de cristales de diamante de laboratorio de calidad gema.
A partir de los años 90, los avances en la tecnología CVD abrieron nuevas posibilidades y, a comienzos de los años 2000, los diamantes de laboratorio de calidad gema empezaron a aparecer progresivamente en el mercado de la joyería.
Actualmente existen dos grandes métodos de producción: HPHT y CVD.
El método HPHT (High Pressure High Temperature) busca reproducir, en un equipo especialmente diseñado, las condiciones de presión y temperatura necesarias para que se forme un diamante.
De forma muy simplificada, se coloca una pequeña semilla de diamante junto con una fuente de carbono y otros materiales. Al someterlos a una combinación extrema de presión y temperatura, el carbono se disuelve y posteriormente cristaliza sobre la semilla, haciendo que el diamante crezca.
El método CVD (Chemical Vapor Deposition) funciona de una manera diferente.
En este caso, una pequeña semilla de diamante se introduce en una cámara de vacío. Se incorporan gases que contienen carbono y, mediante energía, se crea un plasma. Los átomos de carbono se van depositando sobre la semilla y el cristal crece progresivamente, capa a capa.
Una de las particularidades del CVD es que el crecimiento se produce sobre una superficie de diamante, lo que permite desarrollar cristales de diferentes tamaños.
Aunque los procesos son distintos, el resultado es el mismo en lo esencial: un cristal de diamante.

Sí, pero aquí conviene hacer una distinción importante.
Que un diamante sea de laboratorio no significa automáticamente que tenga una calidad determinada. Al igual que ocurre con los diamantes naturales, existen diamantes de laboratorio de diferentes calidades.
Para valorar un diamante se utilizan las conocidas 4C:
Carat (quilates): el peso del diamante.
Color: cuánto se aproxima a la ausencia de color.
Clarity (pureza): la presencia de inclusiones y características internas.
Cut (talla): cómo se han trabajado sus proporciones, facetas y acabado para conseguir el máximo rendimiento de la luz.
Los diamantes de laboratorio de calidad gema se pueden evaluar utilizando estos mismos criterios. De hecho, el IGI señala que los diamantes de laboratorio se gradúan siguiendo los mismos criterios de las 4C utilizados para los diamantes naturales, identificando claramente su origen.
Esto es especialmente importante porque “diamante de laboratorio” describe el origen, no la calidad.
Dos diamantes creados en laboratorio pueden tener el mismo tamaño y, sin embargo, presentar diferencias en color, pureza o calidad de talla.
A simple vista, distinguir un diamante natural de uno creado en laboratorio puede no ser posible.
Por eso, la identificación gemológica y la documentación son especialmente importantes.
Una de las formas de identificar el origen es mediante los informes gemológicos que especifican que se trata de un diamante de laboratorio., algunos van acompañados de inscripción en el filetón del diamante con el número exacto de su informe o certificado.
Esta identificación aporta algo fundamental: transparencia sobre el origen de la piedra.
En 2005, el IGI comenzó a emitir informes completos de graduación para diamantes de laboratorio de calidad gema, utilizando las 4C y diferenciando claramente su origen. Con el tiempo, otros laboratorios gemológicos adoptaron también este enfoque.
La diferencia esencial entre ambos no está en que uno sea un diamante y el otro no. Ambos son diamantes.
La diferencia está en cómo han llegado a existir.
Un diamante natural es el resultado de procesos geológicos naturales. Un diamante de laboratorio se desarrolla mediante tecnología y bajo condiciones controladas.
Por eso, cuando hablamos de un diamante creado, hablar de su origen es tan importante como hablar de sus características gemológicas.
Y precisamente esa posibilidad de conocer y especificar su procedencia forma parte de la evolución que ha experimentado la industria del diamante durante las últimas décadas.
Desde los primeros experimentos del siglo XIX hasta los actuales métodos HPHT y CVD, el recorrido ha sido largo. Y hoy los diamantes creados forman parte también del mundo de la joyería, donde pueden convertirse en protagonistas:


Porque, al final, un diamante no es solo una cuestión de cómo se forma: también es lo que representa cuando pasa a formar parte de una joya.
Descubre nuestra colección de joyas con diamante de laboratorio y encuentra la pieza que más encaje contigo.
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